Autoritario llamó el sociólogo Theodor W. Adorno a un tipo de personalidad que sólo ha desarrollado un débil ego o entono y por eso busca una autoridad hacia la cual el pueda orientarse y de la cual espera protección.
Sus adentros o sobre-ego no es concrescente con él sino es como si representara a un poder foráneo. Mientras siga a un líder y sus leyes no ve sus propios errores como culpa propia. El espera, que el poder al cual él se ha puesto bajo sus órdenes castigue sus propias faltas en otros que no pertenezcan al mismo séquito. Su propia subordinación es indemnizada por el hecho que él ejerce poder sobre los más débiles, según el principio del ciclista, enunciado por Kurt Holm y categorizado por Merton en definición del rol social en las relaciones intra- e interpersonales. El principio del ciclista se basa en un proverbio alemán del medioevo, que Bonet, Conde de la Escalera, pues le conviene es su argumentación pedante, lo atribuye a Hitler y traduce mal “nach oben buckeln, nach unten treten” (Hacia arriba se encorva, hacia abajo patalea), frase que en la propaganda nazi se le oía decir a Goebbels según P. Reiwald.
Heinrich Mann en su novela “El súbdito” describe en 1914:
Heinrich Mann en su novela “El súbdito” describe en 1914:
„Pero sería inútil aconsejaros. Los sexos deben pasar, el tipo, que representan, deben consumirse: este interesante repugnate tipo del súbdito imperialista, chauvinista sin responsabilidad común, del adorador del poder que desaparece en la masa, del creyente de la autoridad contra su propia convicción, el tipo de la autoflagelación política. Todavía no se ha desgastado Después de los padres, que se hicieron pedazos gritando hurras, vienen los hijos con pulseras y monóculos, un estamento de perfectos manumitidos que vive a la sobra de la aristocracia....“
El “ciclista” quiere que la autoridad a la que el se ha atado permanezca incólume. El concepto de la personalidad autoritaria se tematizó por las experiencias con el fascismo y el régimen de Hitler, pero siempre ha existido en todas las sociedades.
Con este último anti-análisis se cayó el Conde de su escalera. Estrepitosamente.


