Las ofensas son los argumentos de aquellos, que no tienen ninguno, expresó Jean-Jacques Rousseau.
Ese es el cuadro que se presenta en los últimos días con las repetidas ofensas obscenas de unos cuantos.
Esas ofensas ruines no son más que la prolongación de lo que tanto quieren criticar. Es el lenguaje a que nos han acostumbrado desde hace 50 años. Unos gritan gusanos, escoria, traidores, los otros gritan esbirros, chivatos, traidores. Con la palabra traidor todos juegan excelentemente. Unos no admiten otra opinión que sea la del gobierno y durante 47 años la de un solo hombre, los otros no admiten tampoco la libertad de pensamiento. Ambos grupos se basan en la lógica de la intolerancia: o conmigo o contra mí. Nada de matices, nada de pluralidad.
Un comentarista expresó acertadamente, que “estaban desaprendiendo”. Así es. Lo que hubieran podido aprender de la libertad de expresión, de la democracia, de la importancia primordial del pensamiento individual y su diversidad para el desarrollo, lo han “desaprendido”.
La Elegida desde La Habana habla de amor. El coro de adláteres entona las alabanzas de costumbre. Pero son esos mismos que se derriten ante el calor del verbo inigualable, los que en el mismo blog comunidad hacen exactamente lo contrario dispersando odio y rencor con posiciones irreconciliables.
Si no les bastara con la hiel que destilan en Generación Y, fusil en ristre se dirigen a todos los lugares que cuestionan las manzanas del Paraíso, a Adán y a Eva, pero no a la serpiente, y se dedican a verter la hiel de sus existencias ofendiendo y denigrando a los demás de una forma soez y ruin, propia de la canalla salida del basurero de la intransigencia.
Yo no encuentro diferencia, entre un acto de repudio en Cuba, y el acto de repudio en la Internet contra aquellos que nunca fueron o ya no son más de la opinión sobre la Santidad de la bloguera estelar. Unos tiran huevos, otros palabras ofensivas. La ofensa es como la piedra que se tira. Unos gritan escoria, otros ofenden a las mujeres diciéndoles prostitutas. No sólo es que en el Paraíso de Generación Y se mide con otra vara, sino que acusan a personas que ni siquiera son cubanas. No paran en ofender a las mujeres y siguen contra los hombres, que se han “atrevido” a comentar aquí en este blog, haciendo uso de la potestad del individuo sobre su voluntad.
Si con esos métodos intentan entorpecer la dinámica del blog o ahuyentar a los comentaristas, estimo que se han equivocado. Lo único que han logrado, es que se ponga de manifiesto, que la madera utilizada para ese barco de la libertad, tiene comején. Quien se embarque ahí, naufragará antes de llegar al puerto.
A aquellos que no obstante las continuadas ofensas han seguido comentando, les doy aquí mis más efusivas gracias.
No confundan la sátira con la ofensa obscena. La arcilla de la sátira, la brindan los mismos satirizados.
