jueves, 17 de diciembre de 2009

Negro porvenir y un destello de esperanza



El viento desordena la espuma dejada sobre mi cabeza por el mar del tiempo al chocar contra mi frente. Las hojas de otoño crujen bajos mis suelas en su lecho ya de invierno. En el cielo, la luna se tapa con su manto de noche.

Pienso en aquel cielo estrellado con una luna cual puñal clavado en la inmensidad; el mar rompiendo contra el diente de perro, la cálida brisa, los jazmines blancos como esos copos de nieves que hoy bailan con las ramas de los pinos.

Detrás han quedado los recuerdos que ya son tan tenues como la niebla que empieza a disiparse.

El cielo, negro y cerrado. Así veo el futuro de la tierra donde nací y que sé que no recibirá el estuche de mi alma.

He viajado mucho y visto mucha miseria. Niños desnutridos luchando por obtener un bolígrafo sencillo o tal vez un caramelo. He bajado a las chozas y respirado virtud y he subido a los palacios ahogándome en el denso aire de la hipocresía, vicio, maldad y vileza. He observado largas colas de personas esperando por llenar una botella de agua sucia mientras a cien metros se despilfarra el agua en piscinas suntuosas, mesas llenas de comida que nadie puede consumir completamente y niños con hambre.

África destruida por el SIDA, guerras tribales, guerras religiosas. Cientos de chinos trabajando al ritmo de “Tiempos Modernos” enriqueciendo a unos pocos por unos cuantos céntimos: ejércitos de esclavos modernos, durmiendo en barracas y comiendo de una gran olla común un plato de sopa de verduras. Mucho han visto estos ojos.

Han pasado ya 20 años desde la desaparición del campo socialista. Aún muchos pueblos en Rumania no tienen carbón para el invierno. Todas las navidades salen camiones con donaciones de comida y regalos hacia el Este. Los orfanatos y asilos de ancianos parecen campos de concentración.  Rusia, la gran Rusia ha enriquecido a algunos y ha empobrecido a casi todo el país. Se pasa hambre en las aldeas rusas y en los barrios fuera del fulgor del capital. 

Países pobres y países ricos. Los últimos van siendo cada vez menos.

Veo negro el futuro de Cuba. Los que crean en los cantos de sirenas queriendo transportar un entorno que no les pertenece, tendrán en pocos años una decepción enorme. El muro en la frontera con Méjico debiera ponerlos a pensar.

Una posible solución está en las manos del actual gobierno de Cuba: dejar desarrollarse la iniciativa privada en marcos sociales. Dar libertad de movimiento a todos. Dejar al capital extranjero que invierta con seguridad dentro del marco social previsto por el Estado. Para esto tienen los EEUU que eliminar las leyes del embargo y la posibilidad de querellas futuras por propiedades de hace 50 años, pues sin esas garantías no se encontrarán los inversionistas necesarios. Así, poco a poco, ir creando una economía social de mercado, con seguridades sociales y seguridad para la inversión. Deben liberarse del credo, que la libertad económica del individuo lleva a libertades políticas.

Entonces, quizás, se aclararía el futuro. Mas, soy pesimista, pues las esperanzas de puestos, poderes, propiedades, dinero en una futura Cuba no las van a dejar a un lado los que claman libertad con el símbolo del dólar en los ojos y la mente atiborrada de futuros beneficios, cuando la inexorable biología de paso a otra generación en Cuba.


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