En conmemoración al 50 Aniversario de la pateadura olímpica de Playa Girón y a la conversión patentada de soldado por compota, se celebrará un gran desfile militar en La Habana.
Sabemos que Yoani y el Concubino Feo junto al meador de banderas prefieren que la 82 División aerotransportada sea la que desfile, pero el paradisíaco país de sus ensueños está muy ocupado lidiando tres guerras al mismo tiempo.
Estoy seguro que todos - quizás con la excepción del fotógrafo invertido, pues a las locas no las dejaban desfilar- marcharon alguna vez vestidos de milicianos por la Plaza de la Revolución ansiosos porque el máximo líder les dedicara una mirada, aunque fuera de refilón.
La marcialidad le gusta a la plebe. Busch el Bruto aterrizando sobre el portaaviones en enseres de guerra, los desfiles quilométricos en la Plaza Roja, los desfiles del Primero de Enero que los suspendieron porque los tanques destrozaban las avenidas. Hasta los episodios nuevos de la Guerra de la Galaxias no pueden prescindir de la marcialidad del desfile final.
El desfile militar tiene un significado de un alcance más allá de una mera conmemoración. Con la carencia actual de recursos, Cuba no está para desfile militares. Para Fidel que vive de la emoción y la escenificación, fuera de menos importancia, pero Raúl Castro es un pragmático. Ya se rumora por el Cayo "va a salir el tipo" en alusión al retirado veterano. El desfile va a enviar un mensaje inequívoco hacia adentro y hacia afuera: Tenemos un ejército a nuestras órdenes y el que se tire lo desaparecemos. Sobre todo el mensaje hacia el pueblo de Cuba va ser mucho claro: esto no es Libia, ni intenten hacer lo mismo- que fue lo que quisieron hacer en aquel entonces en Playa Girón: una cabeza de playa- como hicieron con Bengasi. El segundo mensaje es la manida eterna amenaza a la que Cuba estará dispuesta a enfrentar. Para eso enseñan a su ejército y sus armas.
Pero no se preocupen los cubanos ni se alegre la jauría. En Cuba no hay petróleo. Por eso una intervención es una quimera.
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