sábado, 19 de marzo de 2011

Fuenteovejuna



¿Quién mató al Comendador? Fuenteovejuna, señor.

Esta obra clásica de Lope de Vega cuya trama transcurre durante el siglo XV en pleno debate de lo que será España, es un pequeño pueblo de labradores de Castilla que son alcanzados por la guerra, los que los hace reflexionar de su propia identidad, sus derechos y los deberes colectivos. Los habitantes se cuestionan sobre el significado de los valores que fundan la convivencia entre los hombres, la justicia, la legitimidad del poder, la defensa de la dignidad y la solidaridad indispensable para mantenerla. No siempre los dramas reflejan de manera mecánica la sociedad en que se producen, pero en los clásicos de los Siglos de Oro es fácil rastrear en retrospectiva las condiciones sociopolíticas de la España de entonces. Para muchos Fuenteovejuna de Lope de Vega es un grito libertario pero en realidad y como otras obras de la época, pero de manera muy señalada en ésta, marca el final del feudalismo con esa alianza de los reyes que resuelven y hacen justicia, con el pueblo y en contra de los señores de horca y cuchillo que sometían a las poblaciones, para consolidar la monarquía.

"-¿Quieres decirme, por favor, qué camino debo tomar para salir de aquí?-
-Eso depende mucho de a dónde quieres ir - respondió el Gato.
-Poco me preocupa a dónde ir - dijo Alicia.
-Entonces, poco importa el camino que tomes - replicó el Gato-" Alicia en el País de las Maravillas (Lewis Carroll)

Porque no se preocupan a donde ir, no les importa el camino a los cubanos de Cuba. Cuando más, tiene la meta del vecino del Norte, y entonces sí encuentran el camino adecuado. Cuba está muy lejos de convertirse en una Fuenteovejuna. Esa es un variante.

Cuando un pueblo no quiere más de sus gobernantes, se rebela. En las urnas o en la calle. Pero en Cuba no pasa nada a no ser que le crean a los cantos de sirena desafinada de Yoani Sánchez. Pero a eso estamo más que acostumbrados. Un estudio somero de las cifras atribuidas al comunismo en el Libro Negro -aquella obra tan chusca que sacaron marxistas conversos franceses a mediados de la pasada década para mejor justificar sus volteretas y acomodaciones- arrojarían el dato de que la mitad de los varones adultos rusos estaban en la cárcel en época de Stalin. ¿Absurdo, verdad? También se sabe que la población reclusa en aquel entonces era menor que la de EE.UU. a día de hoy -y no incluimos las perreras de Guantánamo-, y que la generalización del uso de penicilinas redujo la mortandad considerablemente a niveles anecdóticos. Claro que uno siempre puede creerse las fantasías penales de Soljenitzin o Medveded, o los inventos ridículos de Conquest. Esa es la otra variante, que quieren a Cuba tal y como está. Los que no, cogen el trillo hacia el Norte, como el revolucionario disidente de Juan Juan, que desde que pisó la tierra prometida se olvidó de su disidencia militante. Si hay que creer todo lo que dicen, lo verdaderamente utópico del experimento socialista, su verdadero logro, fue que saliera alguien con vida.

La famosa teoría del miedo ya se ha demostrado más de una vez, y las revueltas en los países árabes lo confirman, que no tiene validez enterna y si a veces funciona, es siempre temporal.

La eterna promesa de la tierra prometida a los países pobres,  es una gran mentira. Quizás los cubanos no sean tan bobos como los quieren hacer la jauría y sólo el ejemplo de la Unión Soviética, con todas sus riquezas naturales da por meditar: Es lo mismo si se contemplan las ruinas de Egipto o un montón de pedruscos en la antugzua Roma: uno se halla en presencia de las ruinas de una civilización majestuosa, los restos del experimento soviético. Para los más sensibles puede llegar a resultar bastante amargo ver yuxtapuestos la piedra que establece el asiento de una voluntad utópica y la proliferación de signos de un consumo idiota altamente occidental. Los rusos parecen entregados a una carrera absurda por consumir todo lo que se les ofrezca. Si uno se detiene a mirar a cualquier calle, apenas encontrará un resquicio libre de publicidad cada cual más estridente. Y es un poco penoso ver esas fachadas con frisos heroicos de obreros y soldados con sus bayonetas de asalto, o las cornisas ornadas con ninfas socialistas, junto a las chillonas vallas de Coca-Cola. Los pasos subterráneos de sus calles están abarrotados de puestos de exiguas dimensiones donde apenas cabe un ser humano, vendedores enjaulados de una economía sumergida, por lo que se ve tan importante o más que la que flota. Si Bulgakov en el Maestro y Margarita pretendió retratar las miserias de la sociedad stalinista, debería darse una vuelta por la Rusia de hoy. Posiblemente escribiría una nueva Divina Comedia.

La otra teoría es que mientras viva Fidel, el ídolo de todos los cubanos, no pasará nada. Es mucho el respeto y al admiración que tienen los cubanos por su líder. Fidel Castro es además la garantía para mantener alejados a la jauría hambienta que clama por sus propiedades. Su nombre se pronuncia con pleitesía y a veces ni eso, sino hablan de "El Tipo", indicando con una movimiento de la mano de la barbilla al pecho una barba virtual.

 Por el momento, Fuenteovejuna seguirá en el pesismismo arraigado del piso 14.

Nadie va  matar al Comendador. Quizás los cubanos en Cuba no necesitan preguntarle el camino al gato.

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