Puesto que se ha obrado tan sin razón, hablaré. Prometo decir toda la verdad y la diré con toda claridad. Es mi deber: no quiero ser cómplice. Todas las noches me desvelaría el espectro de los que han engañado. Las verdades serán los latigazos que restallarán en la blogosfera. « Soy invisibile,como la otra cara de la luna" » .. ..
domingo, 6 de marzo de 2011
Zapatero y Barbatruco
El zafarrancho se define en las primeras reglas de la lucha naval como una coreografía de combate consistente en quienes estuvieran a babor corrieran con mosquetes, sables y petrechos a estribor, mientras quienes anduviesen por estribor tenían que dirigirse veloces a babor. Lo mismo de proa a popa a del puente a la bodega, de modo que cada tripulante de la embarcación debía alcanzar con la menor brevedad posible las antípodas del lugar donde se encontraba antes del llamado a zafarrancho. El despliegue era imponente, pero nulo en casi todos los casos. Si tenía algún efecto, era psicológico, para hacerle creer al enemigo una superioridad numérica en caso de abordaje y par influirle a la tropa ímpetu de combate.
El procedimiento lo han trasmitido los socialistas, de donde quiera sean y de cualquier sistema provengan a la táctica administrativa y estrategia política.
Cada vez que estoy en España desde el 2009 me recorre la triste sensación de un dejà vu, de algo penoso dejado atrás. Cuando nuestro Barbatruco rebelde se levantaba cada mañana, era grande la posibilidad de un llamado a zafarrancho en Cuba. Lo mismo si le daba por Ubre Blanca, que por el Cordón de La Habana, que por indicarles a las amas de casa la orden de cocinar con la olla prodigio.
El enorme diferencia entre Barbtruco y Zapatero es que mientras el primero es un líder carismático que siempre ha hecho al mundo tenerlo en cuenta, aún cuando llevó al mismo casi a una guerra nuclear, el segundo es un payaso. Decía el sabio político Josep Tarradellas, que en la política se podía hacer de todo, menos el ridículo.
Zapatero y su gobierno ya no saben que nueva payasada van a inventar. Un día reducen la velocidad máxima de 120 a 110 kmh, gastando un dineral en pegatinas para las autovías y autopistas. Estupidez de marca mayor. No por hecho de la reducción de la velocidad, en lo que los EEU llevan la voz cantante de la estupidez permitiendo el uso libre de armas pero controlando la velocidad a 65 millas/h, sino por la reducción en sí. Si la quiere reducir, que la reduzca a 90, que es la velocidad óptima de consumo de todos los coches. Al próximo día, se levanta y quiere apagar las luces de la calle o pagar porque cambien las gomas de los coches (lo que hará con las que entreguen nadie lo sabe). Ya hasta casi le ha provocado un infarto a Don Luis, no por los coches que nunca los ha tenido pues es un viajero de ferrocarril y camina mucho, sino por haber dado la orden a los ministerios de cambiar el idioma, y decir "miembra" a un miembro femenino de algo. Y este gilí es Presidente de España.
Mientras él se ocupa se nimiedades, el país anda ya por el 22% de desempleo y lo que es peor, son cada vez menos los puestos de trabajo que aportan a la seguridad social. Para "salvar" la situación, han encontrado una solución rauliana, la de los trabajadores por cuenta propia, las famosas PIMES. Que cortando pelo y limpiando zapatos no se para una economía, parece haberlo olvidado los socialistas.
El científico historiador Carlo Maria Cipolla (se pronuncia Chipola antes que los chistosos hagan gala de su "agudeza") entre otros muchos trabajos recopiló y divulgó las leyes esenciales de la estupidez humana. Él consideraba que la riqueza de las naciones radicaba en la proporción entre individuos competentes e incompetentes que estuvieran instalados en los puentes de mando. Así, un país en ascenso poseía un número insólitamente alto de personas inteligentes que mantenían controlada a la fracción inevitable de necios e ignorantes. Los países en picada, tienen el mismo esquema pero a la inversa. Ejemplos los tenéis de sobra, y muy cerca con Venezuela, Cuba y España. Lo insólito es, que si en el primer caso es una proporción sólamente favorable, en el segundo asombra, que aunque la cantidad de torpes es la misma su encaje en el puzzle del poder es casi monopolista e inversamente proporcional a sus capacidades. Así nos asombra de ver a un Ministro de Economía que posiblemente sepa de herrajes de caballos, pero nada de economía. La conclusión del sabio italiano es que los estúpidos prosperan porque a su alrededor florecen los incautos.
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