Carl von Linné, el científico naturalista, botánico y zoólogo, no sólo se ocupó de crear la nomenclatura binomial por la cual podemos clasificar a los seres vivos. En sus incursiones teológicas escribió para su hijo la Némesis Divina, en las que en casi doscientas páginas trataba de demostrar que no hace falta recurrir a la venganza humana, pues Dios se ocupa de la justicia en el Mundo.
Dejando a un lado la discusión teológica, ya que el Dios vengador es propio del Antiguo Testamento y no es Dios incorporado por Jesús y base de la religión cristiana, el ser humano no espera por la venganza divina, sino que se ocupa él mismo en relizarla y regocijarse en ella.
Muchos fueron los crímenes de la dictadura batistiana al pueblo de Cuba, sobre todo por los Sosa Blanco, Ventura, Carratalá, Laurent y matones al servicio de los cuerpos represivos. Pero abominable también fue la venganza en los juicios públicos a lo circo romano, con la plebe gritando paredón. Y entre tanto paredón fueron fusilados también los que no tenían causa para una pena capital. Cuando la venganza toma curso, no hay quien la detenga.
Recuerdo en el 2006, cuando se dio a conocer la enfermedad, casi mortal, de Fidel Castro, los tzanzas del exilio se lanzaron a la calle llenos de alegría. No porque en Cuba se hubiera instalado otro sistema, sino sólo por la sed de venganza y el placer de saber a Fidel Castro cerca de muerte.
Con la muerte de Osama bin Laden ha ocurrido otro tanto. Los tzantzas Johnnies en corzos de alegría como si hubieran ganado la Serie Mundial de Fútbol, God bless America. La discusión sobre la pena capital llena tomos. En el caso de bin Laden, podemos hasta verlo como caída en combate, pues él estaba en guerra con los EEUU desde el 11/9. ¿Pero alegrarse por la muerte de un ser humano? Hasta a la normalmente sensata Merkel se le fue la musa diciendo que se alegraba que lo hubieran liquidado.
Los que piensan que Al Qaida ha sido liquidada están en un gran error. Ni siquiera debilitada con la muerte de bin Laden. Osama bin Laden, gravemente enfermo, se dejó matar para servir así mejor a la causa de su lucha contra los infieles. Si hubiera muerto por deficiencia renal, el impacto hubiera sido otro.
Cuando asesinaron al Che Guevara, pues fue un asesinato de un prisionero, crearon el mito Che que fue el emblema de la Generación del 68 y aún hoy en día permanece de ídolo de la alterntiva de izquierda. Su rostro está en millones de afiches, pancartas, banderas, T-Shirts. Hasta en los estadions acompaña a los hinchas.
Con bin Laden pasará otro tanto en el mundo musulmán. La Nemesis humana seguirá su curso, en ambos direcciones. Una ya tiene al Che del Profeta.
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